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Movimiento literario de alfonsina storni

Movimiento literario de alfonsina storni

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La sección principal de este artículo puede ser demasiado corta para resumir adecuadamente los puntos clave. Por favor, considere la posibilidad de ampliar el lead para proporcionar una visión general accesible de todos los aspectos importantes del artículo. (Noviembre de 2018)
En 1907, su interés por la danza la llevó a unirse a una compañía de teatro itinerante, que la llevó por todo el país. Actuó en Fantasmas de Henrik Ibsen, La loca de la casa de Benito Pérez Galdós y Los muertos de Florencio Sánchez. En 1908, Storni volvió a vivir con su madre, que se había vuelto a casar y vivía en Bustinza. Después de un año allí, Storni se fue a Coronda, donde estudió para ser maestra de escuela primaria rural. Durante este período, también comenzó a trabajar en las revistas locales Mundo Rosarino y Monos y Monadas, así como en la prestigiosa Mundo Argentino[cita requerida].
En 1912 se trasladó a Buenos Aires, buscando el anonimato que ofrecía una gran ciudad. Allí conoció y se enamoró de un hombre casado al que describió como «una persona interesante y de cierto prestigio en la comunidad. Ese año publicó su primer cuento en Fray Mocho[2]. A los diecinueve años se enteró de que estaba embarazada de un periodista y se convirtió en madre soltera[2]. Se mantuvo con la enseñanza y el periodismo, y vivió en Buenos Aires, donde las dificultades sociales y económicas de la creciente clase media argentina inspiraban a un emergente cuerpo de activistas por los derechos de la mujer[3].

Poemas de amor

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En 1907, su interés por la danza la llevó a unirse a una compañía de teatro itinerante, que la llevó por todo el país. Actuó en Fantasmas de Henrik Ibsen, La loca de la casa de Benito Pérez Galdós y Los muertos de Florencio Sánchez. En 1908, Storni volvió a vivir con su madre, que se había vuelto a casar y vivía en Bustinza. Después de un año allí, Storni se fue a Coronda, donde estudió para ser maestra de escuela primaria rural. Durante este período, también comenzó a trabajar en las revistas locales Mundo Rosarino y Monos y Monadas, así como en la prestigiosa Mundo Argentino[cita requerida].
En 1912 se trasladó a Buenos Aires, buscando el anonimato que ofrecía una gran ciudad. Allí conoció y se enamoró de un hombre casado al que describió como «una persona interesante y de cierto prestigio en la comunidad. Ese año publicó su primer cuento en Fray Mocho[2]. A los diecinueve años se enteró de que estaba embarazada de un periodista y se convirtió en madre soltera[2]. Se mantuvo con la enseñanza y el periodismo, y vivió en Buenos Aires, donde las dificultades sociales y económicas de la creciente clase media argentina inspiraban a un emergente cuerpo de activistas por los derechos de la mujer[3].

El dulce daño

Su escritura se caracterizó por una visión «femenina» del mundo, unida a una combatividad entonces inusual en los círculos intelectuales. se convirtió en una persona influyente para otros escritores y círculos literarios (véase la imagen de abajo), siendo muchas veces la única mujer invitada a sociedades y eventos intelectuales. su valiosa voz cobró especial relevancia en la poesía latinoamericana, y trabajó por las causas feministas junto a sus contemporáneas Gabriela Mistral y Juana de Ibarbouroi.

Irremediable…

La poetisa chilena Gabriela Mistral la conoció en los años 20 y dijo que estaba admirada de ella: «por su sencillez, por su sobriedad, por su escasa expresión de la emoción, por su profundidad sin trascendentalismo».
Inventaba incendios, robos, crímenes que nunca habían ocurrido. Metió a su familia en problemas; como cuando invitó a sus profesores a pasar las vacaciones en una quinta imaginaria, en las afueras de Rosario.
Uno de esos días, Alfonsina Storni escribió su primer poema, en el que hablaba de cementerios y de su propia muerte. Lo puso junto a la almohada de su madre. El resultado fue inesperadamente doloroso, porque a la mañana siguiente, en lugar de elogios, recibió un par de golpes.
Dos días antes del estreno, la actriz que interpretaba a San Juan Evangelista cayó enferma. Alfonsina había asistido a los ensayos y se sabía todos los papeles de memoria. Interpretó a San Juan, con comentarios elogiosos de la prensa.
Poco después, un representante de la compañía de teatro de José Tallavi fue a Rosario para entrevistar a Alfonsina. Ella demostró que podía recitar y memorizar largos versos. Le ofrecieron trabajar durante un año en una gira.

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