La fabula a que genero literario pertenece

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Fábulas para niños

En literatura, una fábula es una historia corta de ficción que tiene una moraleja o enseña una lección. Las fábulas utilizan animales, objetos o partes de la naturaleza humanizados como personajes principales, por lo que se consideran un subgénero de la fantasía.
Una rana fea y verrugosa estaba sentada en su nenúfar disfrutando del sol. Otra rana se acercó saltando y dijo: «¡Vaya, eres horrible! Es imposible que encuentres pareja». En ese momento, una hermosa princesa se acercó al estanque, cogió a la rana fea y le plantó un gran beso en su verrugosa nariz. Al instante se convirtió en un príncipe alto y apuesto, y se marchó de la mano de la princesa mientras la otra rana la observaba con la boca abierta de asombro. Nunca juzgues un libro por su portada.
Este cuento constituye una fábula por dos razones fundamentales: en primer lugar, sus protagonistas son ranas antropomórficas (ranas a las que se les han dado cualidades humanas); se les ha dado la capacidad de hablar para el cuento. En segundo lugar, la historia termina con una lección – «nunca juzgues un libro por su cubierta»- que se transmite al público cuando la rana fea se convierte en príncipe.

Cómo escribir una fábula

La fábula es un género literario: una historia de ficción sucinta, en prosa o en verso, que tiene como protagonistas a animales, criaturas legendarias, plantas, objetos inanimados o fuerzas de la naturaleza antropomorfizadas, y que ilustra o conduce a una determinada lección moral (una «moraleja»), que al final puede añadirse explícitamente como una máxima o un refrán concisos.
El uso no siempre se ha distinguido tan claramente. En la versión King James del Nuevo Testamento, «μῦθος» («mythos») fue traducido por los traductores como «fábula»[1] en la Primera Epístola a Timoteo, la Segunda Epístola a Timoteo, la Epístola a Tito y la Primera Epístola de Pedro[2].
La fábula es una de las formas más duraderas de la literatura popular, difundida al exterior, según coinciden los investigadores modernos,[3] menos por antologías literarias que por transmisión oral. Las fábulas se encuentran en la literatura de casi todos los países.
El variado corpus denominado Aesopica o Fábulas de Esopo incluye la mayoría de las fábulas occidentales más conocidas, que se atribuyen al legendario Esopo, que se supone fue un esclavo en la antigua Grecia hacia el año 550 a.C. Cuando Babrius puso las fábulas de la Esopica en verso para un príncipe heleno, «Alejandro», declaró expresamente en la cabecera del Libro II que este tipo de «mito» que Esopo había introducido a los «hijos de los helenos» había sido una invención de los «sirios» de la época de «Ninos» (que personifica a Nínive para los griegos) y Belos («gobernante»). [Se dice que Epicarmo de Kos y Formis fueron de los primeros en inventar fábulas cómicas[5]. Entre las fábulas más conocidas de Esopo están «El cuervo y el cántaro», «La tortuga y la liebre» y «El león y el ratón». En la antigua educación griega y romana, la fábula era el primero de los progymnasmata -ejercicios de formación en composición en prosa y oratoria- en los que se pedía a los alumnos que aprendieran fábulas, las ampliaran, inventaran las suyas propias y, finalmente, las utilizaran como ejemplos persuasivos en discursos forenses o deliberativos más largos. La necesidad de los instructores de enseñar, y de los estudiantes de aprender, una amplia gama de fábulas como material para sus declamaciones hizo que se reunieran en colecciones, como las de Esopo.

Las 10 mejores fábulas

La fábula es un género literario: una historia de ficción sucinta, en prosa o en verso, que presenta animales, criaturas legendarias, plantas, objetos inanimados o fuerzas de la naturaleza antropomorfizadas, y que ilustra o conduce a una lección moral particular (una «moraleja»), que al final puede añadirse explícitamente como una máxima o un dicho concisos.
El uso no siempre se ha distinguido tan claramente. En la versión King James del Nuevo Testamento, «μῦθος» («mythos») fue traducido por los traductores como «fábula»[1] en la Primera Epístola a Timoteo, la Segunda Epístola a Timoteo, la Epístola a Tito y la Primera Epístola de Pedro[2].
La fábula es una de las formas más duraderas de la literatura popular, difundida al exterior, según coinciden los investigadores modernos,[3] menos por antologías literarias que por transmisión oral. Las fábulas se encuentran en la literatura de casi todos los países.
El variado corpus denominado Aesopica o Fábulas de Esopo incluye la mayoría de las fábulas occidentales más conocidas, que se atribuyen al legendario Esopo, que se supone fue un esclavo en la antigua Grecia hacia el año 550 a.C. Cuando Babrius puso las fábulas de la Esopica en verso para un príncipe heleno, «Alejandro», declaró expresamente en la cabecera del Libro II que este tipo de «mito» que Esopo había introducido a los «hijos de los helenos» había sido una invención de los «sirios» de la época de «Ninos» (que personifica a Nínive para los griegos) y Belos («gobernante»). [Se dice que Epicarmo de Kos y Formis fueron de los primeros en inventar fábulas cómicas[5]. Entre las fábulas más conocidas de Esopo están «El cuervo y el cántaro», «La tortuga y la liebre» y «El león y el ratón». En la antigua educación griega y romana, la fábula era el primero de los progymnasmata -ejercicios de formación en composición en prosa y oratoria- en los que se pedía a los alumnos que aprendieran fábulas, las ampliaran, inventaran las suyas propias y, finalmente, las utilizaran como ejemplos persuasivos en discursos forenses o deliberativos más largos. La necesidad de los instructores de enseñar, y de los estudiantes de aprender, una amplia gama de fábulas como material para sus declamaciones hizo que se reunieran en colecciones, como las de Esopo.

Fábulas cortas con moraleja

La fábula es un género literario: un relato de ficción sucinto, en prosa o en verso, que presenta animales, criaturas legendarias, plantas, objetos inanimados o fuerzas de la naturaleza antropomorfizadas, y que ilustra o conduce a una determinada lección moral (una «moraleja»), que al final puede añadirse explícitamente como una máxima o un refrán concisos.
El uso no siempre se ha distinguido tan claramente. En la versión King James del Nuevo Testamento, «μῦθος» («mythos») fue traducido por los traductores como «fábula»[1] en la Primera Epístola a Timoteo, la Segunda Epístola a Timoteo, la Epístola a Tito y la Primera Epístola de Pedro[2].
La fábula es una de las formas más duraderas de la literatura popular, difundida al exterior, según coinciden los investigadores modernos,[3] menos por antologías literarias que por transmisión oral. Las fábulas se encuentran en la literatura de casi todos los países.
El variado corpus denominado Aesopica o Fábulas de Esopo incluye la mayoría de las fábulas occidentales más conocidas, que se atribuyen al legendario Esopo, que se supone fue un esclavo en la antigua Grecia hacia el año 550 a.C. Cuando Babrius puso las fábulas de la Esopica en verso para un príncipe heleno, «Alejandro», declaró expresamente en la cabecera del Libro II que este tipo de «mito» que Esopo había introducido a los «hijos de los helenos» había sido una invención de los «sirios» de la época de «Ninos» (que personifica a Nínive para los griegos) y Belos («gobernante»). [Se dice que Epicarmo de Kos y Formis fueron de los primeros en inventar fábulas cómicas[5]. Entre las fábulas más conocidas de Esopo están «El cuervo y el cántaro», «La tortuga y la liebre» y «El león y el ratón». En la antigua educación griega y romana, la fábula era el primero de los progymnasmata -ejercicios de formación en composición en prosa y oratoria- en los que se pedía a los alumnos que aprendieran fábulas, las ampliaran, inventaran las suyas propias y, finalmente, las utilizaran como ejemplos persuasivos en discursos forenses o deliberativos más largos. La necesidad de los instructores de enseñar, y de los estudiantes de aprender, una amplia gama de fábulas como material para sus declamaciones hizo que se reunieran en colecciones, como las de Esopo.

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