• Vie. Oct 15th, 2021

El dialogo como genero literario

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El diálogo (a veces deletreado diálogo en inglés americano[1]) es un intercambio conversacional escrito o hablado entre dos o más personas, y una forma literaria y teatral que representa dicho intercambio. Como recurso filosófico o didáctico, se asocia principalmente en Occidente con el diálogo socrático desarrollado por Platón, pero también se encuentran antecedentes en otras tradiciones, como la literatura india[2].
El término diálogo proviene del griego διάλογος (dialogos, conversación); sus raíces son διά (dia: a través de) y λόγος (logos: discurso, razón). El primer autor existente que utiliza el término es Platón, en cuyas obras se asocia estrechamente con el arte de la dialéctica[3] El latín recogió la palabra como dialogus[4].
El diálogo como género en Oriente Medio y Asia se remonta a obras antiguas, como las disputas sumerias conservadas en copias de finales del tercer milenio a.C.,[5] los himnos de diálogo rigvédicos y el Mahabharata.
En Oriente, en el Japón del siglo XIII, el diálogo se utilizó en importantes obras filosóficas. En los años 1200, Nichiren Daishonin escribió algunos de sus escritos importantes en forma de diálogo, describiendo un encuentro entre dos personajes para presentar su argumento y teoría, como en «Conversación entre un sabio y un hombre no iluminado» (Los Escritos de Nichiren Daishonin 1: pp.99-140, fechado alrededor de 1256), y «Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para la paz de la Tierra» (Ibid., pp.6-30; fechado en 1260), mientras que en otros escritos utilizó un formato de preguntas y respuestas, sin el escenario narrativo, como en «Preguntas y respuestas sobre la adopción del Sutra del Loto» (Ibid., pp.55-67, posiblemente de 1263). El sabio o la persona que respondía a las preguntas se entendía como el autor.

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En esta escena de Otelo, el diálogo cumple una función expositiva, ya que el mensajero entra para dar noticias sobre el desarrollo de la campaña militar de los otomanos contra la ciudad de Rodas. Primer oficial Aquí hay más noticias. Entra un mensajero Los otomitas, reverendos y graciosos, dirigiéndose con el debido rumbo hacia la isla de Rodas, se han unido allí con una flota posterior. Primer senador Sí, eso pensé. ¿Cuántos son, como supones? Mensajero De treinta velas: y ahora vuelven a tomar su curso hacia atrás, llevando con apariencia franca Sus propósitos hacia Chipre. El señor Montano, vuestro fiel y valeroso servidor, con su libre deber os recomienda así, y os ruega que le creáis. Diálogo en Una arruga en el tiempo de Madeleine L’Engel
Del clásico libro infantil Una arruga en el tiempo, he aquí un buen ejemplo de diálogo que utiliza una descripción del tono de voz de un personaje en lugar de usar una verborrea poco convencional para etiquetar la línea de diálogo. En otras palabras, L’Engel no sigue la línea de diálogo de Calvin con una etiqueta que distraiga como «Calvin ladró». En lugar de ello, simplemente afirma que su voz era anormalmente alta. «Soy diferente, y me gusta ser diferente». La voz de Calvin era anormalmente alta. «Quizá no me guste ser diferente», dijo Meg, «pero tampoco quiero ser como los demás». También vale la pena señalar que este diálogo ayuda a caracterizar a Calvin como un inadaptado que abraza su diferencia con los demás, y a Meg como alguien que se preocupa por encajar. Diálogo en Una visita del buen escuadrón

El diálogo (a veces deletreado diálogo en inglés americano[1]) es un intercambio conversacional escrito o hablado entre dos o más personas, y una forma literaria y teatral que representa dicho intercambio. Como recurso filosófico o didáctico, se asocia principalmente en Occidente con el diálogo socrático desarrollado por Platón, pero también se encuentran antecedentes en otras tradiciones, como la literatura india[2].
El término diálogo proviene del griego διάλογος (dialogos, conversación); sus raíces son διά (dia: a través de) y λόγος (logos: discurso, razón). El primer autor existente que utiliza el término es Platón, en cuyas obras se asocia estrechamente con el arte de la dialéctica[3] El latín recogió la palabra como dialogus[4].
El diálogo como género en Oriente Medio y Asia se remonta a obras antiguas, como las disputas sumerias conservadas en copias de finales del tercer milenio a.C.,[5] los himnos de diálogo rigvédicos y el Mahabharata.
En Oriente, en el Japón del siglo XIII, el diálogo se utilizó en importantes obras filosóficas. En los años 1200, Nichiren Daishonin escribió algunos de sus escritos importantes en forma de diálogo, describiendo un encuentro entre dos personajes para presentar su argumento y teoría, como en «Conversación entre un sabio y un hombre no iluminado» (Los Escritos de Nichiren Daishonin 1: pp.99-140, fechado alrededor de 1256), y «Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para la paz de la Tierra» (Ibid., pp.6-30; fechado en 1260), mientras que en otros escritos utilizó un formato de preguntas y respuestas, sin el escenario narrativo, como en «Preguntas y respuestas sobre la adopción del Sutra del Loto» (Ibid., pp.55-67, posiblemente de 1263). El sabio o la persona que respondía a las preguntas se entendía como el autor.

El dialogo como genero literario del momento

Diálogo significa «conversación». En su sentido más amplio, incluye cualquier caso de dos o más personajes que se hablan directamente. Pero también tiene una definición más restringida, denominada forma de diálogo. La forma de diálogo es el uso de un diálogo sostenido para expresar un argumento o una idea. Este artículo se centrará más en la definición más restringida, ya que esta definición suele ser menos familiar para la gente que la más general.
Muchos dramaturgos modernos utilizan el diálogo para explorar ideas filosóficas. Un ejemplo famoso es Copenhague, de Michael Frayn, en el que dos grandes físicos -uno danés y otro alemán- se encuentran en plena Segunda Guerra Mundial. Su conversación gira en torno a la ciencia, la política y su relación personal, y cada una de estas conversaciones influye profundamente en las otras dos, produciendo una narración extremadamente compleja y filosófica, a pesar de tener sólo dos personajes principales.
Quizá el uso más famoso de la forma de diálogo sea el Simposio de Platón. En esta obra filosófica de gran influencia, Platón describe una conversación entre Sócrates y varios de sus amigos. Todos están tumbados en sofás en diversos estados de embriaguez, discutiendo sobre el significado del amor. A lo largo del diálogo, las discusiones se vuelven cada vez más sofisticadas, hasta que al final vemos la conversación definitiva entre Sócrates y su alumno intoxicado, Alcibíades. Sócrates acaba demostrando que el amor es una realidad mucho más compleja y siempre presente que las nociones más simples de afecto que sus amigos han estado describiendo.

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