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Ernesto sabato el tunel analisis literario

Ernesto sabato el tunel analisis literario

El túnel ernesto sábato resumen

A pesar de revelar el crimen y el autor en la primera línea, este breve pero denso libro no deja de arrastrar al lector en una inmersión voyeurista en la obsesión de un artista y su descenso final a la locura. Desde el principio, una sensación de tragedia impregna la narración. Cuando Mar\xEDa Iribarne se siente irremediablemente conmovida por uno de los cuadros de Juan Pablo Castel, el célebre artista argentino la persigue al instante con fanatismo. A pesar de su eventual romance, la turbulenta y apasionada búsqueda del amor de Mar\xEDa es insostenible, lo que finalmente conduce a un ataque de celos, a su salvaje desaparición y al suicidio de su marido. Al final, la muerte se convierte en la única liberación de la lucha de Castel. Publicado originalmente en 1984 y aclamado como un clásico existencial, sigue siendo uno de los libros argentinos más influyentes del siglo XX. Esta última edición incluye una breve biografía de Sabato, una entrevista de 2001 que detalla varias experiencias influyentes de sus 97 años, así como diez preguntas basadas en el texto para ayudar a un análisis más profundo. El material extra hace que este libro sea ideal para un club de lectura en español, aunque no puede considerarse una edición crítica. Recomendado para grandes bibliotecas públicas. Reseña de Alison Hicks, Univ. de Colorado en Boulder

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La historia comienza con el protagonista presentándose como «el pintor que mató a María Iribarne» antes de adentrarse en las circunstancias que llevaron a su primer encuentro. La obsesión de Castel comienza en el otoño de 1946, cuando en una exposición de su obra observa que una mujer se fija en un detalle especialmente sutil de su cuadro «Maternidad». Esta observación le parece muy significativa, ya que se trata de un detalle que él valora como el aspecto más importante del cuadro, pero al que nadie, aparte de él y la mujer, presta atención.
Al perder la oportunidad de acercarse a ella antes de que abandone la exposición, pasa los siguientes meses obsesionado con ella, pensando en cómo encontrarla en la inmensidad de Buenos Aires y fantaseando con qué decirle.
Al final, después de verla entrar en un edificio que supone que es su lugar de trabajo, se plantea cómo hacer para preguntarle por el detalle del cuadro. Se acerca a ella y se entera de que se llama María Iribarne. Tras la conversación sobre el cuadro, Castel y María acuerdan volver a verse. Más tarde se sabe que ella está casada con un ciego llamado Allende y que vive en la calle Posadas, en el norte de la ciudad. Sin embargo, a medida que Castel sigue viendo a María, su relación pasa a estar dominada por los obsesivos interrogatorios de él sobre su vida con su marido, sobre por qué no adopta el apellido de éste y sobre sus pensamientos internos, preguntas que ella es incapaz de responder a su satisfacción. A partir de esta desconexión, los pensamientos obsesivos de Castel le llevan a todo tipo de dudas irracionales sobre el amor que ha llegado a creer que se tienen.

El túnel ernesto sábato

HOMEESSAYSTroubled Narrators, Troubled TimesSeptember 27, 2014 – By Scott AdlerbergCommentDebería ser suficiente decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne. Imagino que el juicio aún está en la mente de todos y que no es necesaria más información sobre mí.
CON ESTAS PLANTAS PALABRAS, Ernesto Sabato comienza su novela El túnel, publicada en Argentina en 1948. El narrador se dirige a nosotros desde la cárcel, y aunque dice que no es necesario saber nada más sobre él, inmediatamente procede a contarnos la historia de cómo llegó a matar a María, la mujer que amaba. Su historia es cruda, una historia de obsesión y muerte, y si vieras este libro en la sección de crímenes de una librería, pensarías que pertenece a ella. Tenemos, en esencia, un «whydunnit», una historia que crea un considerable suspense a través de su análisis de los motivos; pero curiosamente, no encontrará a Sabato en ninguna estantería de novela negra.
Sabato, nacido en Argentina en 1911, fue un escritor cuya vida abarcó un siglo. Ganó numerosos premios por sus escritos. Entre ellos, el Premio Municipal de Buenos Aires por su colección de ensayos Uno y el Universo de 1945, una advertencia sobre los efectos deshumanizadores de la ciencia, y el Premio Miguel de Cervantes, que le fue concedido en 1984 por su trayectoria en la escritura en lengua española. Sus otras dos novelas, Sobre héroes y tumbas (1961) y El ángel de las tinieblas (1974), son de gran alcance. Al igual que su contemporáneo Jorge Luis Borges, está considerado un gigante de la literatura latinoamericana del siglo XX. Pero también como Borges, le fascinaba el género policíaco/de misterio, y en El túnel, su primera novela, Sabato muestra claramente esta fascinación. En esta breve obra, nos encontramos en un mundo oscuro descrito por un hombre desquiciado, un mundo que los lectores de novela negra reconocerán como noir.

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En su ensayo «El escritor argentino y la tradición», Borges habla de una «ruptura» entre su país y Europa, el Nuevo y el Viejo Mundo, y de que «los argentinos estamos desvinculados del pasado». Este distanciamiento puede ser ventajoso, ya que fomenta el redescubrimiento por parte del escritor argentino, un nuevo ahondamiento en la historia y la cultura de su propio país, sin la influencia europea. Pero el desprendimiento tiene un lado negativo, el aislamiento, y Borges afirma que el otro efecto de esta separación es una especie de decreto de no participación: «Debemos comprender que estamos esencialmente solos y que no podemos jugar a ser europeos».
En algunas traducciones, El túnel lleva el título alternativo de El forastero, y hasta cierto punto Castel se parece a ese otro forastero clásico de la ficción, el Meursault de L’Étranger de Camus (de hecho, Camus fue uno de los primeros admiradores de la novela, primero defendiéndola y luego encargándola a un editor francés después de que Sábato no encontrara uno en Buenos Aires). Pero cuanto más leemos, más nos damos cuenta de que Sábato sólo ha tomado el outsider de Camus como punto de partida, un molde a partir del cual puede grabar contornos más profundos y desarrollar más facetas. Lo vemos claramente en las primeras líneas de ambas novelas, en las que en pocas palabras ambos outsiders escriben sus propios mini-manifestos que atestiguan su condición de outsider. En el famoso comienzo de Camus, Meursault nos informa de que «Mamá ha muerto hoy. O quizá ayer, no lo sé». Sábato es menos oblicuo y va a la yugular con: Debería bastar con decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne». Uno es un recuerdo nebuloso e indiferente, el otro un reconocimiento descaradamente asertivo.

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