• Jue. Oct 21st, 2021

Analisis literario del libro del buen amor

Analisis literario del libro del buen amor

Cuentos del conde lucanorbook de don juan manuel

El libro de buen amor, considerado una de las obras maestras de la poesía española,[1] es un relato pseudobiográfico de aventuras románticas de Juan Ruiz, arcipreste de Hita,[2] cuya primera versión data de 1330; el autor lo completó con revisiones y ampliaciones en 1343[3].
El libro contiene un conjunto heterogéneo de materiales diversos unidos en torno a una supuesta narración autobiográfica de los amores del propio autor, que está representado en una parte del libro por el personaje episódico de don Melón de la Huerta. En él, todos los estratos de la sociedad bajomedieval española están representados a través de sus amantes.
En el transcurso de la trama principal se intercalan fábulas y apólogos que constituyen una colección de exempla. También hay alegorías, moralejas, sermones y canciones de ciegos y escolares de tipo goliardesco. También se recogen composiciones líricas profanas (serranillas, a menudo paródicas, derivadas de las pastorelas) junto a otras religiosas, como himnos y gozos a la Virgen o a Cristo.

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¿Se trata de una simpatía por la víctima deshonrada, o acaso hay un trasfondo de regodeo? Lo cierto es que «Juan Ruiz» se distancia de «Don Melón», como si el primero no tuviera nada que ver con las fechorías del segundo, mientras que antes no había una línea clara de separación entre ambos. La revelación de la bajeza de Don Melón contrasta con las declaraciones de sincera pasión del arcipreste («con locura y con amor afincado», como le dice a Venus); un hombre es un cínico depredador sexual, el otro un desventurado pretendiente con cara de luna. Tal vez la misma crudeza del contraste y la confusión sobre la identidad sean el punto: las poses nobles y la retórica florida del amante sincero sólo enmascaran los brutales apetitos masculinos. Trotaconventos no se hace ilusiones cuando promete al arcipreste/Don Melón que será capaz de procurarle otras mujeres además de Endrina:
La tensión entre la carne y el espíritu no sólo se expresa en términos sexuales; una larga sección se refiere a una fantástica lucha entre la encarnación de la Cuaresma (una anciana, cuyo ejército está formado principalmente por peces) y Don Carnal (un emperador glotón con un ejército de carnes). El poema parece simpatizar con el astuto Don Carnal, que tiene un aliado en el Amor, pero esto podría ser una trampa; inmediatamente antes de esta sección hay una serie de austeros versos de devoción sobre la pasión de Cristo (‘las llagas que le hicieron son más dulces que la miel/los que en el avemos esperança syn par’-‘Las heridas que le hicieron/son más dulces que la miel/y nos dan una esperanza ilimitada/en el Señor’). El libro contiene varios pasajes de una piedad aparentemente impecable, que incluyen himnos a la Virgen María, condenas del pecado y exhortaciones a una vida santa. Cómo puede coexistir toda esta reverencia con los aspectos más terrenales de la obra es un enigma que no puede resolverse fácilmente, ya que la teología del «arcipreste», que reza a Dios para que tenga éxito en sus esfuerzos amorosos («el que ‘amen’ dixiere lo que cobdiçia lo vea»/»El que dice ‘amen’ verá lo que codicia» -¡pero la codicia es uno de los pecados que antes condena!) puede ser muy diferente de la del arcipreste-autor. De lo que no cabe duda es de la expresividad brillantemente salada del lenguaje, que muestra una estrecha familiaridad con el habla cotidiana de las diferentes clases sociales. He aquí, por ejemplo, a una de las mujeres de la montaña soltándose en toda regla:

El conde lucanor

Casi formando un broche de oro en la conclusión de la LBA, el Arcipreste suplica una vez más la ayuda de la Virgen María, que, según la teología católica romana, es el único ser plenamente humano que ha sido preservado del pecado, y por lo tanto es el intercesor más apropiado entre los seres humanos y la Trinidad.    En su tribulación, le implora que: «me preserve de la ruina» [1670d], «me preserve del daño, / de la muerte y del grave accidente» [1670f,g][3], y «me libre dándome defensa» [1671d]. Las súplicas del Arcipreste incluyen lo que parece ser una sincera confesión de sus pecados, que está marcada por un profundo sentimiento de arrepentimiento mientras busca la ayuda de la Virgen:
En cuanto a si la «prisión» de la que habla el Arcipreste es real o alegórica, los estudiosos han derramado mucha tinta[4]. De hecho, Ruiz fue encarcelado por el Cardenal Gil de Albornoz de Toledo (c.1310-1367), por razones que no están claras (Crow 117). ¿Fue encarcelado el Arcipreste a causa de la LBA?    ¿Qué pecados había cometido que le causaron tantos problemas?

Comentarios

El libro de buen amor, considerado una de las obras maestras de la poesía española,[1] es un relato pseudobiográfico de aventuras románticas de Juan Ruiz, arcipreste de Hita,[2] cuya primera versión data de 1330; el autor lo completó con revisiones y ampliaciones en 1343[3].
El libro contiene un conjunto heterogéneo de materiales diversos unidos en torno a una supuesta narración autobiográfica de los amores del propio autor, que está representado en una parte del libro por el personaje episódico de don Melón de la Huerta. En él, todos los estratos de la sociedad bajomedieval española están representados a través de sus amantes.
En el transcurso de la trama principal se intercalan fábulas y apólogos que constituyen una colección de exempla. También hay alegorías, moralejas, sermones y canciones de ciegos y escolares de tipo goliardesco. También se recogen composiciones líricas profanas (serranillas, a menudo paródicas, derivadas de las pastorelas) junto a otras religiosas, como himnos y gozos a la Virgen o a Cristo.

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