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A julia de burgos analisis literario

A julia de burgos analisis literario

Un análisis de julia de burgos

1 En las primeras horas de la mañana del 5 de julio de 1953, dos agentes de la policía de Nueva York vieron una figura en el suelo cerca de la esquina de la Quinta Avenida y la calle 106 en East Harlem. Al acercarse, vieron el cuerpo de una mujer de piel bronceada. Antes era una mujer imponente, ahora yacía en la calle inconsciente. La llevaron al hospital de Harlem, donde murió poco después. La mujer no llevaba ningún bolso y no llevaba ninguna identificación. Nadie acudió a la morgue a reclamar su cuerpo. Ningún caso de persona desaparecida se ajustaba a su descripción. Fue enterrada en el campo de alfareros de la ciudad, en la isla de Hart. Un mes después, la mujer fue identificada como la premiada poeta puertorriqueña Julia de Burgos. Su familia y amigos exhumaron y repatriaron su cuerpo.1 La muerte de Burgos en el anonimato en una calle de East Harlem abre un espacio para la creación del mito de Burgos. Una de las principales razones por las que la figura de Burgos suscita la veneración de los seguidores comprometidos con la pervivencia de su obra y su legado es precisamente por lo borroso, turbio y ambiguo de su imagen, por la creencia de que en cualquier momento puede desaparecer. El deseo de rescatarla para nuestra memoria colectiva tiene su origen en su muerte en el anonimato y su entierro en el campo del alfarero: queremos salvarla, darle un nombre y reconstruir su nebulosa personalidad y vida.

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El 5 de julio de 1953, a primera hora de la mañana, dos agentes de policía de Nueva York vieron una figura inconsciente en la calle, cerca de la esquina de la 5ª Avenida con la calle 106, en East Harlem. Cuando se acercaron, vieron que se trataba de una mujer altísima, de 1,70 metros, con la piel de color bronce. La llevaron de urgencia al hospital de Harlem, pero murió poco después de la medianoche a causa de una neumonía, probablemente agravada por el hecho de que era una alcohólica con cirrosis hepática.
La mujer no llevaba bolso y no llevaba ningún tipo de identificación. Nadie acudió a la morgue a reclamar su cuerpo. Ningún informe de persona desaparecida se ajusta a su descripción. Así que la enterraron en un campo de alfareros de la ciudad de Nueva York. Finalmente, un mes después, la mujer fue identificada como la galardonada poeta puertorriqueña Julia de Burgos, y en agosto de ese año sus familiares y amigos hicieron que su cuerpo fuera exhumado y repatriado.
Julia Constanza Burgos García nació el 17 de febrero de 1914 en el pueblo de Carolina, siendo la mayor de trece hijos. Aunque la pobreza de su familia le dificultó asistir a la universidad, perseveró y se graduó en la Universidad de Puerto Rico con una certificación de dos años de enseñanza en 1933. Participó activamente en los movimientos feminista y nacionalista de la isla de la época, al tiempo que trabajaba como maestra y periodista y publicaba su poesía en revistas literarias locales.

Citas de julia de burgos

Un crítico literario diría que escribió poemas líricos en verso libre, llenos de metáforas, símbolos, personificación de la naturaleza, oposición binaria y muchas anáforas. Sí, repetía palabras y les daba distintos significados cada vez que lo hacía.
Ser y no querer ser… Esa es la moneda de cambio, la batalla que agota cada espera. Encontrar dentro del alma ya moribunda, que dentro del mísero cuerpo aún hay fuerza.    -Julia de Burgos, Canción amarga
Nos importa que su poesía trate de algo más grande que ella y nosotros. La libertad, la justicia social, la igualdad de género, el amor apasionado, el amor tierno, el amor no correspondido, la pérdida, el dolor, la depresión, la muerte, la guerra, el colonialismo… Ella los abarcó todos.
Soy un diluvio de duelos, un desenfreno completamente atormentado de lluvia, un lento agonizar de espadas perpetuas. ¡Oh, tiempo de mi alma! ¿En qué ola sin nombre encerraré mi poema?    -Julia de Burgos, Entretanto, la ola.

Poema para mi muerte

PARA QUIENES COMO YO han crecido en el pueblo de Carolina, en la costa norte de Puerto Rico, la figura de Julia Constancia Burgos García (1914-1953), más conocida como Julia de Burgos, representa el icono por excelencia. Carreteras, puentes, parques, escuelas, esculturas, todo en la ciudad habla de Julia y lleva su nombre.
Este inmenso mausoleo habla de una joven de nuestro pueblo que se convirtió en una importante y reconocida poeta y cuyos escritos, especialmente su más famoso poema «Río Grande de Loíza» (1938) expresan algo significativo de nuestra identidad que merece ser recordado. Todos estos monumentos, sin embargo, dicen poco sobre su muerte.
No mucha gente sabe que murió sola, enferma y pobre en una calle de Nueva York. En cambio, en los círculos académicos y críticos la historia de su muerte y los aspectos sórdidos de su vida de abuso de alcohol o su tórrida y dolorosa vida amorosa se han convertido en un poderoso dispositivo de consagración como poeta e icono nacional.
La historia de su vida se ha configurado como una leyenda que, en última instancia, limita la apreciación de una obra literaria rica y diversa. De hecho, poco se sabe sobre su vida en la diáspora, su activismo político o, su trabajo como periodista, y cómo esas experiencias marcaron la evolución de su escritura y su legado.

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